Extracto:Análisis actualizado sobre el comportamiento del dólar y las perspectivas económicas para América Latina, incluyendo riesgos, oportunidades y tendencias que marcarán los próximos meses.

Hoy, 30 de noviembre de 2025, la cotización del dólar frente al peso colombiano ronda los COP $ 3.744,43 por cada dólar.
Durante el mes de noviembre, la tendencia ha sido a la baja: el dólar cayó desde niveles superiores a COP $ 3.860 a comienzos de mes hasta los valores actuales —una disminución de alrededor del 3,26 %.
En términos interanuales, la depreciación del dólar se traduce en una revaluación del peso superior al 13 %.
Este escenario muestra que, por ahora, el dólar no enfrenta fuertes presiones alcistas en Colombia: la moneda local —el peso— mantiene una relativa fortaleza frente al dólar en las últimas semanas.
La depreciación del dólar y la apreciación del peso pueden obedecer a varios factores convergentes. En primer lugar, existe una tendencia estacional: según analistas consultados, noviembre suele ser un mes con comportamiento bajista para la divisa estadounidense, en parte por la monetización de recursos de empresas exportadoras hacia el cierre del año.
Por otro lado, podría estar influyendo la dinámica global de oferta y demanda de dólares: movimientos de capital, entrada de remesas, venta de divisas por parte del Estado o por empresas con ingresos en USD, o cambios en expectativas que hagan más atractiva la inversión en moneda local. (Aunque las fuentes disponibles no detallan todos estos mecanismos, sí reflejan la baja sostenida de la TRM en noviembre).
También es relevante que muchas economías latinoamericanas atraviesan periodos de incertidumbre externa —tasas de interés globales, inflación, inestabilidad geopolítica, presiones sobre los precios de materias primas— lo que puede alterar los flujos de capital y, por ende, la demanda de dólares.
En consecuencia, la combinación de factores internos de Colombia (flujo de dólares, liquidez, fin de año) y de contexto externo contribuye a que la cotización del dólar esté más moderada.
Para el ciudadano promedio, un dólar más bajo —o un peso más fuerte— puede implicar una reducción en el precio de bienes importados, insumos tecnológicos, productos fabricados en el extranjero o servicios sujetos al dólar. Si bien esa ventaja puede tardar en reflejarse (dependiendo de inventarios, contratos, precios internos), el efecto tiende a aliviar la inflación de bienes con componentes importados.
Para empresas que dependen de insumos importados —como industria tecnológica, manufactura, insumos industriales o consumo masivo— un dólar débil puede mejorar márgenes, reducir costos y favorecer inversión.
Sin embargo, la apreciación del peso también tiene un costado negativo, especialmente para exportadores. Cuando la moneda nacional se fortalece demasiado, los productos exportados pierden competitividad en precios relativos. Eso puede reducir ingresos en dólares, traducirse en menores utilidades o presionar ajustes de producción.
Por último, en términos macroeconómicos, una moneda más sólida puede ayudar a controlar la inflación importada, aunque hay que vigilar que no genere desequilibrios: menores ingresos para exportadores, menor atractivo para capitales orientados a divisas, o distorsiones en sectores dependientes del comercio internacional.
La región latinoamericana enfrenta un momento de tensión y oportunidades simultáneas. Por un lado, el fortalecimiento global del dólar —derivado de tasas de interés más altas en Estados Unidos, incertidumbre internacional o movimientos de capital hacia economías refugio— podría ejercer presión sobre las monedas locales.
Al mismo tiempo, varios países en la región están atravesando desaceleraciones económicas, reacomodos fiscales, inflación persistente y ajustes en políticas monetarias. Eso implica que muchas economías latinoamericanas serán vulnerables a shocks externos: variaciones del dólar, cambios en precios de materias primas o capitales.
Es probable que veamos una diversidad en los desempeños: países con fundamentos macroeconómicos sólidos (reservas, inflación controlada, políticas prudentes) podrían resistir mejor la presión del dólar; otros, con desequilibrios estructurales, sufrirían más por devaluaciones, inflación importada o fuga de capitales.
Adicionalmente, las decisiones de política internacional —tipo aranceles, acuerdos comerciales, regulación de capitales— y la volatilidad global harán que la cotización del dólar siga siendo un factor determinante para la estabilidad de las economías latinoamericanas.
Finalmente, una opción que se menciona en el debate global: la búsqueda de mecanismos de pago alternativos al dólar por parte de bloques de países, con el fin de reducir su dependencia. Eso podría cambiar las dinámicas cambiarias en el mediano y largo plazo.
Para quienes viven en Colombia —o en otros países de la región— conviene mirar con atención:
En conclusión, hoy el dólar cotiza en niveles moderados frente al peso colombiano, mostrando una tendencia a la baja durante noviembre. Esa situación ofrece alivios temporales a consumidores y empresas que importan, pero al mismo tiempo plantea desafíos de competitividad para exportadores. A escala regional, América Latina sigue sujeta a la volatilidad global del dólar: su evolución dependerá tanto de factores externos como de decisiones domésticas de política económica.


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